domingo, 9 de enero de 2011

UN CUENTO QUE PUEDE SER VERDAD

Había hace muchos años una muchacha en un poblado que no estaba conforme con el marido gandul y cobarde que le deparaba el destino. Era humilde, se duchaba con agua fría, era valiente, buena guerrera y excelente arquera. Cuando el pueblo estaba amenazado la encerraban, igual que para que aceptara a su marido que era un jefazo en otro poblado.

Había una cueva en la falda de su montaña con una entrada como un boquete en el suelo y ella gritaba a los ciempiés para que no se acercaran a la entrada de la cueva y cayeran en ella sin poder salir nunca más. A veces soplaba un vientecillo en la entrada de la cueva, como el hálito de la divinidad. Lo que no sabía ella por aquel entonces es que en las aguas de esa cueva habitaba un camarón desde hacía unos tres millones de años.

Su sexo era toda una frutería y una floristería a la vez, sabor a durazno, presencia de banana, aroma de naranja, zumo de tomate, fragancia de clavel, esencia de rosa ... Todo ello era muestra de gran virtud, ¡demasiada! pensaba a veces su amante, mientras ella jugaba cruzando los poemas de sus varios amantes. Sobre el mar encrespado anunciaba mayores tormentas en mi corazón, y una forma implacable de desdén. A veces quería ser directora de porno y a veces hermanita de la caridad, un manojo de emociones y un corazón grande que nunca se entregaba. Un día cerca del mar me dedicó una sonrisa y aún no sé que hacer con ella. Así como el río va al mar van a ella mis palabras. La mañana que se encontró una caracola en la playa se la puso cerca del oído y esta le dijo con voz de hada “Haz lo que quieras”.

Anónimo

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